
El gobierno de Javier Milei consumó este martes el retiro de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), exactamente un año después de que la Cancillería notificara formalmente su intención ante las Naciones Unidas. Con esa salida, Argentina se convierte en el segundo país del mundo en abandonar el organismo, siguiendo los pasos de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump.
El canciller Pablo Quirno confirmó la medida, citando lo establecido en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados: el retiro se hace efectivo un año después de la notificación formal. "Argentina continuará promoviendo la cooperación internacional en salud a través de acuerdos bilaterales y ámbitos regionales, resguardando plenamente su soberanía", afirmó Quirno.
Un vínculo de casi 80 años
Argentina fue uno de los países fundadores de la OMS. El 22 de julio de 1946, el sanitarista Alberto Zwanck firmó el acta de creación del organismo en Nueva York. Dos años después, en 1948, el país ratificó su adhesión mediante una ley firmada por el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Cámpora, y el ministro del Interior, Juan Hortensio Quijano. Hoy, ese vínculo histórico se rompe.
Las razones del gobierno
El gobierno de Milei achacó la decisión a sus "profundas diferencias" con la OMS por el manejo de la pandemia de COVID-19. El propio Milei llegó a calificar al organismo como "el brazo ejecutor del mayor experimento de control social de la historia", en alusión a las cuarentenas implementadas durante la pandemia. El entonces vocero presidencial Manuel Adorni sostuvo que la medida otorgaría al país "más flexibilidad para implementar políticas adaptadas al contexto e intereses nacionales".
El ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, reforzó la postura oficial al afirmar que la decisión "pone en primer lugar la salud de los argentinos y la capacidad del país de definir sus propias políticas sanitarias", y acusó a la OMS de haber avanzado "con una agenda marcada por sesgos ideológicos, alejándose de la evidencia".
¿Qué cambia en la práctica?
Según el Ministerio de Salud de la Nación, la salida no compromete ningún programa sanitario vigente. Argentina mantiene su membresía en la Organización Panamericana de la Salud (OPS) — organismo preexistente a la OMS y que actúa como su representante regional — a través de la cual gestiona la compra de gran parte del calendario nacional de vacunación y medicamentos de alto costo, mediante el Fondo Rotatorio y el Fondo Estratégico de la OPS.
Lo que sí se pierde es la coordinación directa con regiones fuera de América Latina: Europa, Asia, África. También queda fuera la participación en los mecanismos globales de preparación y respuesta ante pandemias, la asistencia técnica internacional y la influencia, aunque mínima, sobre la agenda sanitaria mundial.
Las voces críticas
El ex secretario de Salud de la Nación Adolfo Rubinstein, actual director del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (CIIPS), calificó la medida de "vergonzosa". "Es vergonzoso dejar de estar en la conversación sanitaria global, pero también dejar de estar presentes en todos los mecanismos que tiene la OMS para preparación y respuesta a pandemias", señaló Rubinstein, y agregó que se trata de "una mala decisión que sigue irracionalmente las políticas de Donald Trump, representante del único otro país que se fue de la OMS".
El diputado nacional y médico Pablo Yedlin (Unión por la Patria), integrante de la Comisión de Salud del Congreso, fue directo: "Es un error enorme". Yedlin advirtió que tanto el gobierno argentino como el estadounidense esgrimen motivos "falsos", y explicó que para los países periféricos —que reciben más de la OMS de lo que aportan, en términos de investigación, cooperación y asesoramiento— la salida "no tiene ningún sentido".
El ministro de Salud de Mendoza, Rodolfo Montero, adoptó una postura matizada: "Va a ser poco el impacto, pero es un mal gesto". Montero reconoció que la OMS se burocratizó en las últimas décadas, pero consideró que lo correcto era trabajar para corregirla, no abandonarla. "La articulación sirve. El COVID desnudó eso", afirmó.
Desde la Ciudad de Buenos Aires, el entorno del ministro de Salud porteño Fernán Quirós —que había cuestionado públicamente la medida en 2025— matizó su postura: la OPS, en la práctica, funcionará como el nuevo vaso comunicante con la arquitectura sanitaria global.
El ministro de Salud bonaerense Nicolás Kreplak fue el más duro: calificó la decisión de "verdadera irresponsabilidad" y la interpretó como una muestra de la oposición del gobierno "al rol del Estado, la cooperación internacional y el cuidado de la salud de la población".
Una señal geopolítica
Para la mayoría de los analistas consultados, más que una reforma sanitaria, la salida de la OMS es una señal geopolítica: la expresión más concreta del alineamiento del gobierno de Milei con la política exterior de Donald Trump, que en su momento impulsó la creación del mismo organismo que hoy ambos abandonan. En mayo de 2025, la visita del secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. —reconocido cuestionador de la eficacia de las vacunas—, le dio al tema especial envergadura y dejó entrever la creación de un organismo alternativo que nunca se materializó.